Casi siempre que se habla de suplantación de correo se piensa en el daño directo: el fraude, el pago desviado, la brecha. Pero hay un daño más silencioso y más duradero, y no te ocurre a ti: le ocurre a tu cliente. Cuando alguien usa el nombre de tu empresa para engañarle, la desconfianza que genera no se queda en el estafador. Se te queda pegada a ti.
La escena desde el otro lado
Ponte en la piel de tu cliente. Recibe un correo con el nombre de tu empresa en el remitente. Puede ser una factura, un aviso de «cambio de datos bancarios», un enlace para «confirmar un pedido». Todo parece normal, porque el dominio es el tuyo o uno que se le parece mucho.
A partir de ahí, dos finales posibles, y los dos son malos para ti:
– Pica. Paga la factura falsa, da sus datos, hace clic donde no debía. Pierde dinero o información, y lo asocia a tu marca: «esto me llegó de vosotros».
– No pica, pero desconfía. Se huele algo raro y no cae. Bien para él, pero a partir de ese momento mira tus correos con recelo. El próximo presupuesto real que le envíes lo abrirá con la mosca detrás de la oreja, o directamente lo ignorará.
En los dos casos pierdes. En el primero, un cliente dañado y quizás un conflicto. En el segundo, una relación comercial erosionada sin que tú hayas hecho nada.
El daño que no se arregla con una disculpa
Lo complicado de este tipo de daño es que es difícil de reparar. Puedes explicar que «no fuimos nosotros, nos suplantaron», y es verdad, pero la sensación ya está sembrada. La confianza es lenta de construir y rápida de romper, y desde fuera cuesta distinguir entre «la empresa a la que suplantaron» y «la empresa de la que me llegó algo raro».
Multiplica eso por todos los clientes que reciben el correo falso —los ataques de suplantación rara vez van a una sola persona— y el impacto reputacional puede ser considerable, aunque no aparezca en ninguna factura.
Por qué esto es evitable
Aquí está la parte importante: en la mayoría de los casos, esto no debería poder pasar. Si un atacante puede enviar un correo con tu dominio exacto en el remitente, es porque tu dominio no está bloqueando la suplantación. Un dominio configurado con DMARC en `p=reject` hace que esos correos falsos ni siquiera lleguen: el proveedor del cliente los rechaza antes de entregarlos.
Dicho de otro modo: proteger tu correo no es solo protegerte a ti. Es proteger a tus clientes de recibir estafas con tu nombre, y proteger la confianza que has tardado años en construir con ellos.
Proteger tu marca es proteger a quien confía en ti
Hay dos frentes. El principal es cerrar tu dominio real para que nadie pueda falsificarlo; eso corta la vía más fácil de golpe. El segundo es vigilar los dominios parecidos al tuyo, que un atacante podría usar como alternativa, para detectarlos antes de que engañen a nadie.
En Reliant nos ocupamos de ambos: cerramos tu dominio con autenticación y vigilamos las imitaciones, para que tus clientes no reciban en tu nombre nada que tú no hayas enviado.
Empieza por saber cómo estás hoy: pide tu diagnóstico gratuito y comprueba si alguien puede escribir a tus clientes haciéndose pasar por ti.